FAVORES DIVINOS
October 6, 2009 by cabix
Filed under El Blog de Alex
2REYES 4:8-37
¿Qué quieres que haga por ti? (v.13) Según leemos, no nos queda ninguna duda que esta hospitalaria mujer no estaba lista para que le lanzaran a quema ropa esa clase de pregunta (me temo que nosotros tampoco). La sunamita es una mujer que aparenta no necesitar nada: tenía dinero y un marido complaciente ¿Qué más se puede pedir?
Esta historia nos pone frente al espejo y nos sorprende al descubrir que nuestra situación es muy similar a la de esta mujer: Nuestra alma se seca y desfallece, la vida cristiana ha perdido su sabor, pero hemos aprendido a responder “Bien” cada vez que nos preguntan ¿Cómo estás? (v.27), en realidad nos sentimos burlados (v.16) y el solo hecho de hablar de “ese tema” es algo incómodo y doloroso, nos sentimos muy mal.
Yo, ¿necesitado de un favor Divino? fff! tiene que ser un error, estoy bien, estoy tranquilo, no tengo peticiones de oración… estoy bien. Ok, ¿puedo decirte algo? ¡Estas tremendamente necesitado de un favor Divino! y, sí… no te has querido percatar de ello. En el caso de esta mujer, el favor Divino que ella necesitaba era el de tener la alegría de dar a luz un hijo, tenerlo entre sus brazos y amarlo, pero ahora que su marido era viejo, sus esperanzas eran ningunas. Para nosotros ese hijo representa aquel tremendo anhelo, aquella petición que, de ser respondida, tomaríamos el teléfono y hablaríamos con cuantas personas pudiéramos para contarles la noticia, rebosaríamos de alegría y la vida tomaría otro color, un nuevo sentido y ¡glorificaríamos a Dios a los cuatro vientos!
En el tiempo indicado, aquella especial mujer recibió de Dios el favor que ella tanto había deseado. El Señor está deseoso de hacernos ese favor, pero cuando nos pregunta, no respondemos, no oramos, y si oramos no creemos. Esta mujer aprende la lección: “Dios puede darme ese favor Divino que tanto anhelo” así que cuando aquel hijo anhelado, nace, crece y muere a temprana edad, no duda en buscar de Dios prontamente (”Llamando luego a su marido…” “que yo vaya corriendo…” (v.22) sin importar que todos los demás crean que ya no puede hacerse nada más (”No me hagas detener…” v.24) ella cree que Dios puede obrar.
Recuerda, Dios no debe ser buscado para obtener sus favores, sino que, debe ser buscado porque él es Dios y es digno de ser buscado. Busca primero su presencia, y en su presencia desnuda tu corazón y háblale de tus anhelos y cree.







